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La obra
de María de Andrés, ceramista de consumada técnica, nos devuelve a la
eterna cuestión sobre la voluntad del creador por condensar bajo la
forma, símbolos atemporales que se conviertan en lenguaje universal.
En estas piezas, no solo encontramos esa construcción del símbolo
universal, sino que su configuración, su estructura, es,
voluntariamente, conscientemente, el resultado de la búsqueda de un arte
que trasciende de la mera apariencia contemplada, dejando ante los ojos
del que observa, cerradas formas, cuya elemental arquitectura, luchando
por salir de la materia en que está encerrado el claro espacio, busca la
monumentalidad, manifestarse, no en una sala de exposiciones, sino en
medio de la naturaleza, como pequeños templos que miran al cosmos.
María de Andrés pertenece a esa clase de artistas contemporáneos, que
para expresarse utiliza todos los argumentos técnicos a su alcance,
mezclándolos sabiamente para crear objetos artísticos de difícil
clasificación, en este caso cerámicos y escultóricos, cuyo resultado
final es arte con mayúsculas.
Así pues, su obra es sobria y madura por la expresividad y la claridad,
recogiendo las líneas básicas de lo arquitectónico, decorativas y
estructurales, los vacíos que forman parte complementaria de lo que
cierra y recrea espacio, cincelándose también y creando luz por medio de
ventanas simétricas, de formas calculadas, de leve geometría. Materia
atrapada bajo la estructura concisa y perfecta de planos, arcos
espirales.
En “Proyección”, “Escala de Valores” o “En Constante Evolución”,
hallamos iconos tratados desde la elaborada artesanía y construidos como
pequeños altares en los que el equilibrio, la simetría y la poesía de
los materiales, nacidos directamente de la matriz de la tierra y la
energía del fuego; de lo volcánico, nos invitan a meditar, a pensar en
los orígenes del impulso artístico, más cerca de un afán de
trascendencia que de un deseo puramente estético.
Sin embargo, en otras piezas, y a pesar de la predominancia de lo que
podríamos llamar un misticismo casi minimal, nos sugiere su búsqueda de
la estética pura, de la esencia de las formas.
(Adolfo Falces) - Abril 2001 |
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